Cine de medianoche
Corría el año 1985 y yo tenía 13 añitos, en plena pubertad llena de acné y deseos. No había pasado mucho tiempo desde los fatídicos dos rombos y TVE programaba un ciclo los viernes noche que llamó Cine de medianoche. Creo recordar que era verano, que los padres salen hasta tarde, que siempre tienes la excusa del calor para no dormir, que estás de vacaciones y te puedes quedar hasta tarde... Lo cierto es que aquel año me puse al día de películas que jamás pensé iba a ver en la vida.
El ciclo en cuestión se dividía entre pelis con alto contenido erótico, El último tango en París, ¡qué rollo!, Portero de Noche, ¡madre mía con la Charlotte! y alguna más del genio eroticón Tinto Brass. También estaban los filmes violentos, Perros de paja, ¡Viva Sam!, Deliverance, el hombre que la haya visto jamás podrá ser el mismo, que se lo pregunten al gordito... Y, por último, las de miedo como La Profecía, ¡uhhhh! Fueron tiempos felices, llenos de emociones al límite que provocaron diferentes sueños, para todos los gustos. Eso sí, a pesar de todo aquello, las pelis para niños me seguían volviendo loco. El cine de adultos estaba bien, pero Los Goonies o Indiana molaban más.
